Minimalismo: Cómo Ser Más Productivo Viviendo una Vida Minimalista

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Minimalismo - vida minimalista

“El secreto de la buena vida no consiste en tener más, sino en saber disfrutar con menos” —Sócrates

Para entender mejor qué son el minimalismo y la vida minimalista, te ayudará hacerte algunas preguntas.

¿Alguna vez te has sentido desbordado ante la cantidad de objetos, facturas, suscripciones, tareas y compromisos que inundan tu vida?

¿Alguna vez tu pareja o tu hijo te estaba contando algo, y no te has enterado de una sola palabra de lo que decían?

¿Te ha ocurrido estar una hora mirando el móvil, y no recordar qué es lo que has estado haciendo? 

Vivimos en la era de la saturación. Saturación de objetos, de información, de estímulos, de deseos y de distracciones.

Invaden tu casa, tu lugar de trabajo y tu propia mente. 

Y te roban la serenidad y los mejores momentos de cada día.

¿Qué es Minimalismo?

“La simplicidad es el último refugio en un mundo lleno de ruido” —Oscar Wilde

De un modo general, podemos decir que el minimalismo consiste en reducir a lo esencial, eliminando los elementos sobrantes.

El término surge en los años 60 del siglo XX en el ámbito del arte, para designar un movimiento que perseguía simplificar al máximo el objeto artístico, eliminando cualquier elemento superfluo.

Hoy el minimalismo se ha convertido en un estilo de vida, que aspira a una mayor sencillez y conexión con nuestro entorno y con nosotros mismos.

No existe una definición rígida del minimalismo. Para algunos es simplemente una manera de organizarse simplificando sus tareas. Para otros es una actitud, el hábito de respetar su espacio físico y mental. Otros lo consideran una opción de vida radical, que consiste en vivir con el menor número posible de posesiones.

En cualquier caso, el minimalismo es un recurso, una herramienta de vida que puede ayudarte a estar más conectado con lo que te rodea, y a ser más feliz.

Cuando eliminas los objetos que contaminan tu espacio y las distracciones que secuestran tu atención, ya no quedan detalles banales tras los que esconderte.

Te encuentras solo ante tí mismo. Solo ante tus limitaciones, pero también ante tu verdadero potencial.

Y entonces comienzan el trabajo y la vida verdaderos.

El Efecto Diderot: ¿por qué acumulamos cosas que no necesitamos?

En su ensayo “Lamento por mi vieja bata”, el filósofo francés Denis Diderot, creador de la Enciclopedia, describe el efecto que tuvo en su vida y en su hacienda el regalo de una hermosa bata escarlata.

Poco después de recibirla, la belleza de aquella prenda le hizo pensar que el resto de sus sencillas pertenencias no estaba a su altura. Y comenzó a comprar nuevos objetos para compensarlo: sustituyó su vieja silla con asiento de paja por un sillón forrado con tela de Marruecos, varias de sus sencillas pinturas por otras más caras, y continuó en una espiral de compras que le llevó a endeudarse.

En su ensayo dice Diderot: “Yo era el amo de mi vieja bata. Pero me convertí en esclavo de la nueva. Cuidado con la contaminación de la riqueza y el deseo: el hombre humilde puede no preocuparse de las apariencias, pero el que pretende ser rico está siempre bajo presión”.

Bautizado así por esta anécdota, el efecto Diderot establece que adquirir un bien que se desvía por su precio y calidad de las actuales posesiones de un individuo, puede desembocar en una espiral de consumo descontrolado.

En nuestros tiempos, este efecto se ve multiplicado por la publicidad y el acceso inmediato a todo tipo de información y distracciones a través de la tecnología:

  • Acumulamos muebles y objetos que no necesitamos, y que ni siquiera sabemos por qué hemos comprado.
  • Compramos libros que no leemos.
  • Adquirimos cursos que nunca terminamos (solo el 5% de quienes compran un curso online llega a completarlo).
  • Y absorbemos una cantidad desproporcionada de información y entretenimiento cada semana.

Nuestra tendencia natural es a acumular, a llenar nuestro espacio físico y mental. Simplificar no nos surge de manera natural: requiere consciencia, planificación y algo de esfuerzo por nuestra parte.

Minimalismo y el espacio físico

“La vida minimalista no consiste tanto en reducir tus posesiones, como en limitar tus necesidades”

A menudo, la saturación de objetos a nuestro alrededor es un reflejo de nuestra propia saturación o insatisfacción personal. Es muy habitual comprar cosas para compensar alguna carencia en nuestra vida.

El minimalismo en nuestro entorno físico puede entenderse de muy distintas maneras. Algunas personas lo aplican de manera radical: reducen los objetos que poseen a la mínima expresión, incluso prescindiendo de la mayor parte de los muebles en su vivienda.

Otros limitan el número máximo de sus pertenencias de manera que quepan en una mochila, y pasan su tiempo viajando.

Pero no hace falta abandonar tu vida actual para simplificar el espacio en el que vives y trabajas. 

Si quieres hacerlo, puedes seguir un proceso en dos fases.

La primera es la fase de eliminación. Comienza acotando un tiempo para hacer inventario, armario a armario, objeto a objeto.

Decide qué te hace falta realmente, y qué es prescindible. No sigas malgastando tu espacio y tu tiempo organizando objetos que no necesitas.

Y entonces deshazte de todas aquellas cosas que te sobran: véndelas, envíalas a reciclar, o regálaselas a otras personas que las puedan aprovechar.

El proceso puede durar algún tiempo. Pero cuando hayas terminado esta primera fase de eliminación, descubrirás que algo ha cambiado, no solo a tu alrededor, sino dentro de ti.

El espacio libre, la libertad para moverte, los armarios que contienen solo las cosas que realmente necesitan, que ahora están además ordenadas y accesibles…

Todo eso se traduce en espacio mental, en serenidad: tienes lo que necesitas, y dejas de preocuparte por lo que no necesitas, porque lo has eliminado de tu casa y de tu cabeza.

La segunda fase de este proceso es evitar que la tentación de consumir, intensificada por la publicidad y los medios sociales, te lleve a llenar de nuevo tu espacio de cosas innecesarias. 

La vida minimalista no consiste tanto en reducir tus posesiones, como en limitar tus necesidades.

Antes de comprar algo, pregúntate: ¿de verdad me hace falta? ¿Para qué voy a usarlo? ¿Qué valor me va a aportar?

La vida ya es complicada: no la llenes además de trastos que no necesitas.

Minimalismo y productividad

“Se trata de invertir tu tiempo y tu energía de la manera más sabia, para aportar el máximo valor haciendo solo lo que es esencial” —Greg McKeown

Otra parte de tu vida en la que el minimalismo puede tener un impacto liberador es tu productividad y la gestión de tu tiempo.

A menudo llenamos nuestros días con todo tipo de pequeños compromisos y tareas, que nos impiden centrarnos en lo que de verdad importa.

Creemos que la productividad consiste en hacer el mayor número de cosas en el menor tiempo posible.

Y es que, a corto plazo, ir tachando estas tareas de nuestra lista nos hace sentir bien. Porque nos da la sensación de avanzar.

Sin embargo, no es lo mismo el movimiento que la acción.

No es lo mismo dedicar tu tiempo a una tarea cualquiera, que a esa tarea concreta que de verdad marca la diferencia.

La creencia común es que a la hora de tomar decisiones, o de elegir lo que hacemos en cada momento, es mejor tener muchas opciones distintas entre las que escoger.

Sin embargo, numerosos experimentos han demostrado que aumentar el número de opciones no necesariamente nos hace tomar mejores decisiones: es la llamada paradoja de la elección.

Muchas de estas pequeñas elecciones del día a día (¿qué me pongo hoy?, ¿qué haré cuando llegue a la oficina?) en realidad nos hacen perder tiempo y concentración, y minan nuestra productividad.

Pero no se refiere a cualquier tarea: se trata de elegir aquella que más te acercará a tu meta final, y de priorizarla por encima de todas las demás.

Decide cada noche cuál es esa tarea clave para el día siguiente, escríbela en una simple hoja de papel, y colócala sobre tu mesa. Solo eso.

Imagínate: levantarte cada mañana sabiendo que hay UNA COSA, y solo una, que debes terminar ese día.

Comienza tu jornada de trabajo con tu tarea clave, y no hagas otra cosa hasta que esté terminada. Debes terminarla. Trabaja concentrado y no permitas interrupciones externas.

Menos decisiones. Menos dispersión. Menos urgencia. Más foco.

Una vez que la has terminado puedes dedicarte a todo lo demás. Delega las tareas que puedan hacer otros. Termina las que te corresponden a ti.

Pero harás el resto de tu trabajo con la satisfacción de saber que ese día ya has avanzado hacia tus verdaderos objetivos.

Minimalismo y libertad financiera.

“Me hice rico reduciendo mis deseos” —Henry David Thoreau

No es ningún secreto: a los seres humanos nos encanta consumir. Comprar nos genera endorfinas, nos produce bienestar. Y por supuesto, asociamos el consumo al estatus social.

Estos rasgos son intencionadamente explotados por el marketing y los medios de publicidad, y son la base de la economía de mercado.

También son la causa de que muchas familias sigan empobrecidas, atrapadas en una espiral consumista.

Ser consciente de estos hechos, simplificar tu estilo de consumo y eliminar gastos innecesarios puede tener un enorme impacto en tus finanzas.

Si resistes la tentación del consumo superfluo y decides conscientemente qué necesitas y qué no, automáticamente conservas una parte de tus ingresos.

Para conseguirlo hace falta lucidez, disciplina, y carácter para no compararte con los demás.

¿El beneficio? Invertida de manera consistente a lo largo del tiempo, este cantidad que arrancas de las garras del consumo puede suponer, con el paso del tiempo, la diferencia entre vivir endeudado o tener un colchón de seguridad, e incluso el capital suficiente para retirarte anticipadamente. 

Deja que sean tus decisiones estratégicas, y no tus deseos del momento, quienes gobiernen tu vida.

Vida minimalista y felicidad

“La felicidad no ocurre por casualidad, sino por elección” —Jim Rohn

La aplicación más poderosa del minimalismo en tu vida no consiste en hacer cambios en tu espacio físico, ni en tu organización personal, ni en tus finanzas.

La verdadera clave, y donde el estilo de vida minimalista enlaza con tradiciones milenarias como la meditación, el ascetismo y el estoicismo, es el modo en que decides usar tu atención y tu espacio mental.

Como te decía al principio, vivimos en la era de la saturación y de la distracción. Estás siempre rodeado de tecnología cuya función aparente es informarte, pero que en realidad está programada para absorber tu atención y tu tiempo. 

Constantes estímulos, perfectamente estudiados, se combinan con tus preocupaciones diarias y te alejan de lo único que de verdad existe: el momento presente.

El objetivo último de la filosofía de vida minimalista es liberar de distracciones tu espacio físico y mental, para que estés más presente y no vuelvas a perderte lo que sucede a tu alrededor.

Liberar espacio para disfrutar de ese momento con tu hijo a la hora de cenar. Para escuchar a ese colaborador que necesita tu consejo.

Espacio para mirar a los ojos a tu pareja. Y para ver una puesta de sol. 

Espacio, en definitiva, para vivir plenamente tu vida. 

Mejores libros sobre Minimalismo

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