La Fuerza de Voluntad Está Sobrevalorada: Haz Esto en su Lugar

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Fuerza de voluntad

«Eres la media de las cinco personas con las que pasas más tiempo» —Jim Rohn

¿Qué cualidad personal te parece más importante para alcanzar tus metas?

Cuando les hago esta pregunta a mis clientes de mentoría o a los asistentes a mis conferencias, una de las respuestas más frecuentes es siempre esta: “fuerza de voluntad”

Esta respuesta procede de una larga tradición, según la cual el éxito está asociado a una especie de héroe con determinados rasgos de carácter: entre ellos, la fuerza de voluntad necesaria para superar todos los obstáculos que se le presentan. 

Por otro lado, quien no tiene estos rasgos es considerado débil, un perdedor.

Sin embargo, conozco, y probablemente tú también, a muchas personas capaces y con fuerza de voluntad, que trabajan incansablemente, pero apenas consiguen salir del paso en su vida y en su trabajo. ¿Realmente podemos pensar que se trata de un problema de carácter, o hay algo más que desconocemos?

¿Qué es la fuerza de voluntad?

Podemos definir la fuerza de voluntad como la capacidad de retrasar la gratificación, es decir, de descartar un beneficio inmediato por otro beneficio mayor que se producirá en el futuro.

Retrasar la gratificación consiste, por ejemplo, en elegir hacer ejercicio ahora (lo que a menudo no es agradable y no tiene un resultado inmediato, pero sí a medio plazo), en lugar de ceder al placer instantáneo de quedarte en el sofá viendo la televisión. O en estudiar ahora para tu examen, por el beneficio futuro de conseguir un buen resultado.

A finales de los años 1960 el profesor de la Universidad de Stanford Walter Mischel realizó una serie de experimentos sobre el retraso de la gratificación. En los mismos se ofrecía a un niño una golosina, una galleta o una nube dulce (marshmallow en inglés, de ahí el nombre de «The Marshmallow Experiment» que se dio a la investigación).

Se le daba a elegir entre comérsela inmediatamente, o recibir una más si esperaba durante un período corto de tiempo (normalmente unos quince minutos), durante los cuales el entrevistador salía de la habitación.

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Los vídeos de los niños mientras esperan solos en la habitación son uno de los iconos de la psicología moderna: sus caras de absoluta concentración en algunos casos, o de desesperación ante el dilema en otros, no tienen desperdicio.

Algunos niños se comían la golosina en los primeros segundos, y se quedaban mirando el plato vacío el resto del tiempo. Otros resistían un rato, pero acababan cayendo en la tentación. Y algunos fueron capaces de esperar, y recibieron su doble recompensa al final. 

Pero los resultados verdaderamente significativos vinieron años después.

En el seguimiento que se hizo a aquellos niños durante más de 40 años, se encontró que aquellos que pudieron retrasar la gratificación tendían a tener mejores resultados académicos, menor índice de masa corporal, menor tendencia a la adicción, más resistencia al estrés, y mejores resultados en general en otras medidas de calidad de vida. 

Este experimento, unido a la tradición antes mencionada del carácter del héroe, puso a la fuerza de voluntad en un pedestal en el mundo de la psicología y el desarrollo personal, y ha sido considerada hasta nuestros días como uno de los principales indicadores del éxito.

Los problemas de la fuerza de voluntad

Sin embargo, la realidad insiste en demostrarnos que las cosas no son tan sencillas como parecen.

Por un lado, una réplica del experimento realizada en 2018 sugiere que parte de sus resultados pueden ser explicados en función del origen socioeconómico de los niños, y no tanto de la fuerza de voluntad como un rasgo de carácter.

Por otro lado, cada mes de enero millones de personas comienzan el nuevo año llenos de motivación y buenos propósitos, que a mediados de marzo ya han abandonado. Queremos salir a correr, pero nos quedamos en casa. Queremos comer mejor, pero acabamos pidiendo pizza para cenar. Queremos comenzar nuestro propio negocio, pero un año más nos quedamos en el trabajo de siempre.

¿Dónde está el misterio? ¿Por qué nos cuesta tanto introducir nuevos hábitos y cumplir lo que nos proponemos? 

Entendamos un poco la ciencia de por qué nos ocurre esto.

La teoría económica clásica de la utilidad esperada, formulada por Bernouille en 1738 y dominante hasta hace pocos años, nos presenta a un ser humano racional, que sopesa cuidadosamente sus opciones para optimizar el beneficio final. 

Según esta teoría, lo que prima en nuestra decisiones es la lógica: cuando estamos ante una elección, analizamos qué opción es la mejor para nosotros (la que maximiza la utilidad), y es esa la que escogemos. 

Esta teoría solo tiene un problema: que no funciona en la realidad.

En la vida real no somos tan racionales. Sabemos que consumir azúcar nos hace daño, pero lo hacemos. Sabemos que hacer ejercicio es saludable, pero nos movemos poco. Sabemos que hemos de ahorrar, pero no podemos resistirnos a gastar. Y eso sin hablar del problema de las adicciones, como el fumar.

Sus aportaciones dieron lugar a la nueva disciplina de la Economía del Comportamiento, que a lo largo de los últimos 40 años ha revolucionado nuestra comprensión de cómo los seres humanos tomamos decisiones, nos motivamos y nos relacionamos con los demás.

Sus investigaciones contradicen frontalmente la vieja idea de que los principales motores de nuestras acciones son la lógica y la fuerza de voluntad.  

Tu ambiente determina tu comportamiento y tus resultados

Estos son los dos principales hallazgos de la ciencia del comportamiento:

  • por un lado, a la hora de decidir los seres humanos somos mucho menos lógicos y racionales de lo que pensábamos;
  • por otro lado, el modo en que tomamos decisiones y nos comportamos depende desproporcionadamente de nuestro contexto

Es decir, nuestro estado físico y el ambiente en el que vivimos y trabajamos tienen una influencia enorme sobre nuestras decisiones, nuestro comportamiento y nuestros resultados.

Incluso sobre el modo en el que percibimos la realidad y a nosotros mismos.

Y a menudo ni siquiera nos damos cuenta de ello. 

Por un lado, frente a la teoría clásica del carácter y de la fuerza de voluntad, lo cierto es que nuestra atención y nuestra energía son recursos limitados. Cambian según la hora del día, la carga de trabajo que soportamos o la gente con la que nos relacionamos.

Este fenómeno es conocido en psicología como «agotamiento del ego» («ego depletion» en inglés).

Y por otro lado, las personas, el ambiente físico y los estímulos externos a los que estamos expuestos en nuestra vida diaria nos influyen mucho más de lo que pensamos. 

En definitiva, tomamos decisiones y nos comportamos de una manera u otra en función de nuestro estado puntual y del contexto que nos rodea. Y después construimos explicaciones “coherentes” para estos comportamientos que nos resultan difícil de entender.

Por eso no podemos confiar solo en la fuerza de voluntad para alcanzar las metas que nos marcamos.

La situación crea al héroe

La historia de la humanidad nos ha sido explicada tradicionalmente como el producto de la fuerza de voluntad de grandes individuos: Alejandro, Julio César, Isabel la Católica, Napoleón, Hitler , Churchill, héroes y villanos, personas excepcionales que fueron capaces por sí mismas de cambiar el curso de los acontecimientos.

El historiador Will Durant pasó cuarenta años estudiando la historia del mundo, analizando los sucesos más importantes, los puntos de inflexión y las causas que los provocaron. Y los resultados de su trabajo son sorprendentes.

Después de miles de horas de estudio, Durant llegó a la conclusión de que la historia no ha sido moldeada por estos individuos, sino por situaciones extraordinarias que extrajeron lo mejor y lo peor de ellos y de los demás hombres y mujeres de su generación.

El ingrediente más importante de la grandeza es la necesidad, según Durant, no la visión aislada de una sola persona.

El héroe es, por tanto, producto de la situación, y no la situación producto del héroe.

Son las exigencias de una situación nueva o límite las que sacan lo mejor o peor de nosotros, las que nos empujan hacia las fronteras de nuestro propio ser.

Si quieres conseguir resultados extraordinarios, busca situaciones extraordinarias, donde la necesidad te obligue a estar a la altura de sus exigencias.

Cuando quemas tus naves y ya no tienes vuelta atrás, se libera el guerrero que llevas dentro.

Cambia tu contexto

No intentes apoyarte solo en la fuerza de voluntad.

Frente a la motivación puntual que después se queda en nada (recuerda el ejemplo de los propósitos de Año Nuevo), lo más efectivo que puedes hacer para alcanzar tus metas es comprender mejor el comportamiento humano y los factores que nos influyen.

Después usa ese conocimiento para aplicar en tu entorno los cambios que te ayuden a avanzar.

Si tienes proyectos importantes para tu vida y tu trabajo, debes ser consciente de cómo te afecta el ambiente en el que te desenvuelves, y atreverte a modificarlo.

Las personas que te rodean, sus opiniones y actitudes, te influyen mucho más de lo que crees, y pueden ser un motor o un obstáculo muy poderoso en tu camino.

También tu entorno físico, el nivel de “ruido” y distracciones que toleras, acaba marcando tus resultados.

Y la necesidad, el nivel de exigencia de las situaciones en las que te encuentras, determina a menudo tu nivel máximo de desempeño, que liberes o no todo tu potencial.

No te conformes. Modifica conscientemente tu ambiente. Haz cambios en tu entorno físico y personal. 

Necesitas crear a tu alrededor un contexto exigente y ganador, que te arrope y te empuje a la vez hacia tus objetivos.

Fuerza de voluntad y contexto

¿Qué puedes hacer?

  • Reduce la fricción en tu vida diaria, eliminando los pequeños obstáculos que te alejan de lo que quieres hacer. Por ejemplo, lo que suele costarnos más trabajo de salir a correr no es tanto el ejercicio en sí, sino ponernos la ropa y las zapatillas de deporte para empezar. Reducir la fricción significa colocar estas prendas justo al lado de tu cama, de manera que lo primero que hagas al levantarte sea ponértelas.
  • Cambia tu contexto buscando activamente personas que crean en ti, que te animen en tu proyecto: asiste a eventos, amplía tu círculo de relaciones. Cuando encuentres un hombre o una mujer que te apoye incondicionalmente, cásate con él (esto último es broma, pero solo a medias).
  • Abandona, o al menos reduce, el contacto con las personas tóxicas que tengas a tu alrededor. Aquellas que se quejan continuamente de lo mal que están ellas y el mundo. Las que todo lo ven imposible, alimentan tus miedos y te aconsejan que te refugies en un rincón de tu vida. 
    Si son relaciones que no puedes o quieres abandonar, mantén una actitud serena y compasiva hacia ellas; pero reduce el tiempo que les dedicas, y prepárate mentalmente para que su influencia sea la menor posible. 
  • Busca también la crítica activamente, aunque suene paradójico. Cuando le preguntaron a Elon Musk, fundador de PayPal, Tesla y Space X, cuál era el factor que consideraba más importante para llevar un proyecto ambicioso a buen puerto, su respuesta fue: el feedback negativo. Siempre que sea bienintencionada y argumentada racionalmente, una crítica negativa puede ayudarte a detectar tus errores y puntos ciegos y los de tu equipo, ahorrándote muchos problemas. 
  • Encuentra un mentor. Alguien que ya haya estado donde tú quieres llegar, y que pueda ayudarte a detectar las oportunidades y los obstáculos a medida que se te presentan. No hace falta descubrir el Mediterráneo cada vez: hay personas que ya han transitado el camino que tú empiezas, y sus conocimientos y experiencia pueden ahorrarte meses e incluso años de esfuerzo, y aumentar exponencialmente tus posibilidades de éxito.
  • En las pequeños y en los grandes retos, ponte en situaciones que te comprometan, que te obliguen a actuar. Si quieres salir a correr todos los domingos, queda con un compañero que te espere a las nueve de la mañana. Si quieres tener tu propio negocio, una vez que lo hayas organizado deja tu trabajo y dedícate a él: cuando has pasado el punto de no retorno y solo te queda avanzar, la necesidad libera todo tu potencial.

¿Listo para pasar al siguiente nivel?

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