Los 7 Errores que Estropean tus Relaciones y tus Resultados

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7 errores que estropean tus relaciones y tu éxito

¿A veces sientes que las cosas no salen como quieres, a pesar de tus esfuerzos? ¿Sabes que tratas bien a los demás, y no siempre te corresponden? ¿Trabajas duro en tu trabajo y en tu negocio, y no llegan el éxito y el reconocimiento que esperabas?

No te preocupes, nos ha pasado a todos. Y es que el mundo es mucho más complejo de lo que pensamos. Los seres humanos vivimos en una nube de física, química, intereses y relaciones, en la que no siempre es fácil saber qué está ocurriendo y por qué.

Y por eso, sin mala fe, cometemos errores que nos alejan de los resultados que esperamos.

En este artículo te presento 7 errores clave que debes evitar si quieres llevar tus resultados y tu éxito a otro nivel:

1. No tener un objetivo claro ni un plan para conseguirlo

¿Cuál es tu visión para tu vida y tu trabajo a cinco años vista? ¿Y tu objetivo concreto para los próximos tres meses? ¿Cómo sabrás que lo has alcanzado?

Parece algo evidente, pero ¿cómo vas a conseguir lo que quieres, si no has definido exactamente en qué consiste?

Ocurre con frecuencia: personas que quieren un cambio en sus vidas, cuando se les pide que describan exactamente lo que quieren, no saben definirlo.

Lo que sienten es un vago malestar del que quieren escapar. Pero no saben adónde ir, no han decidido cuál va a ser su camino.

Y en realidad no es culpa suya.

Porque seamos sinceros, ¿quién y cuando nos ha enseñado a ponernos metas personales y a alcanzarlas?

Por eso, muchas personas se mueven solo por obligación, porque eso es lo que han aprendido del sistema.

Ni siquiera se creen con derecho a tener sus propios sueños, y menos aún a convertirlos en objetivos, y después en realidades.

¿LISTO PARA PASAR DE NIVEL?

2. No escuchar

La mayoría de la gente va por el mundo hablando de su libro, como el escritor Francisco Umbral en aquella famosa entrevista.

Queremos que los demás sepan cómo estamos, y en cuanto abren la boca para explicarnos cómo están ellos, sentimos el impulso irresistible de darles nuestra opinión y aconsejarles, aunque ni siquiera nos lo hayan pedido.

Y esto nos ocurre especialmente a los hombres: cuando nuestra pareja nos cuenta algo que le preocupa, enseguida nos impacientamos y nos apresuramos a darles la solución (nuestra solución), cuando a menudo lo único que ella necesita es que la escuchemos.

Y también es muy común en el mundo de la empresa: ese jefe convencido de que ser un líder significa estar en posesión de la verdad, y que escuchar a su equipo, o confesar que no sabe algo, son signos de debilidad.

Escuchar profundamente es una habilidad difícil, que requiere de consciencia y de entrenamiento.

Siéntate delante de la persona, respira hondo, y procura liberar tu mente de prejuicios y de distracciones.

Entonces mírala directamente a los ojos, y concéntrate en lo que dice. No solo en sus palabras, también en su postura, en los músculos de su rostro, en el tono de su voz.

Verás que consigues crear un nivel de conexión distinto a lo que habías experimentado hasta ahora.

¿La recompensa por aprender a escuchar? Es llevar tus relaciones, tu influencia y tus resultados a otro nivel.

3. Compararte con los demás

Si hay algo que te garantiza quedarte castigado en un rincón de tu vida, es compararte con los demás.

Todos somos seres únicos, y hemos venido al mundo a desarrollarnos y a aportar de manera única, desde nuestras propias capacidades e intereses.

Por eso, cuando nos comparamos con los demás no solo estamos siendo profundamente injustos con nosotros mismos.

También nos estamos negando el derecho a aprender y a progresar.

Porque ¿cómo podemos pretender tener ahora los mismos resultados que alguien que nos lleva diez años de ventaja en lo que queremos hacer?

La actitud correcta ante el éxito de los demás es la del observador curioso, que admira los logros del otro, pero también quiere saber cómo lo ha conseguido.

Porque esa es la clave: ver el éxito de los demás, no como algo frustrante o perturbador, sino como una oportunidad de aprendizaje.

4. No creer en ti mismo

La mayoría de la gente vive a la altura de sus creencias, y no de sus verdaderas posibilidades.

En nuestros primeros 25 años, nuestra personalidad, nuestras creencias y nuestras actitudes se ven moldeadas por muchos factores externos: las opiniones y las normas de nuestros padres, el sistema educativo, la relación con nuestros compañeros y amigos… 

Todo ello se combina con nuestras experiencias y con nuestra propia base genética para producir una determinada visión del mundo y de nosotros mismos.

El objetivo de esta educación es hacernos encajar en el sistema: en parte para protegernos, y sobre todo para proteger al propio sistema.

Pero, en el proceso, te arrebatan tu creatividad, tu capacidad para ser disruptivo y para cambiar las reglas del juego.

En definitiva: llegas a la edad adulta con una percepción de ti mismo que es, en gran parte, heredada de otros.

Y esta percepción amplía o limita radicalmente tus posibilidades en la vida.

Pues déjame que te diga algo: tú eres un ser único, lleno de luz y de posibilidades.

Y tienes todo el derecho a probar, a equivocarte y a levantarte después.

A vivir tu vida en tus propios términos.

No dejes que nadie te convenza de lo contrario.

Creencias y posibilidades

5. No rodearte del contexto adecuado

En los últimos cuarenta años, la economía conductual o ciencia del comportamiento ha hecho dos hallazgos fundamentales:

  • por un lado, a la hora de decidir los seres humanos somos mucho menos lógicos y racionales de lo que pensábamos;
  • por otro lado, el modo en que tomamos decisiones y nos comportamos depende desproporcionadamente de nuestro contexto

Es decir, las personas que te rodean, sus opiniones y actitudes, te influyen mucho más de lo que crees, y pueden ser un motor o un obstáculo muy poderoso en tu camino.

También tu entorno físico, el nivel de “ruido” y distracciones que toleras, acaba marcando tus resultados.

Y la necesidad, el nivel de exigencia de las situaciones en las que te encuentras, determina a menudo tu nivel máximo de desempeño, que liberes o no todo tu potencial.

Por eso, si tienes proyectos importantes para tu vida y tu trabajo, debes ser consciente de cómo te afecta el ambiente en el que te desenvuelves, y atreverte a modificarlo.

No te conformes. Ajusta conscientemente tu ambiente. Haz cambios en tu entorno físico y personal. 

Necesitas crear a tu alrededor un contexto exigente y ganador, que te arrope y te empuje a la vez hacia tus objetivos.

6. No aprender continuamente

El mundo es un lugar complejo, y mucho más en nuestros días. En el mundo occidental vivimos en una economía capitalista y altamente tecnificada, y esto supone a la vez grandes riesgos y grandes oportunidades en nuestra vida.

Por poner un ejemplo, todos tenemos en nuestro bolsillo un dispositivo, el teléfono móvil, que puede ser un pozo de distracción. En los feeds de Facebook e Instagram se le va un tiempo precioso del día a mucha gente.

Y, a la vez, exactamente el mismo dispositivo es una puerta abierta a todo el conocimiento que existe en el mundo. Y es también una universidad, una editorial y un plató de televisión, desde el que podemos hacer que nuestra voz la escuchen miles o millones de personas.

La diferencia entre un escenario y el otro, es nuestra disposición a aprender. El deseo y la acción de comprender mejor el mundo, sus relaciones, y las herramientas que tenemos hoy en nuestro poder.

Márcate un objetivo claro, y define los conocimientos y habilidades que vas a necesitar para alcanzarlo.

Y entonces, dedica un tiempo de cada día a aprenderlos.

Porque solo si entendemos bien el mundo que nos rodea, y tenemos las habilidades necesarias para enfrentarnos a él, podemos comenzar a marcar la diferencia.

Sueños y accion

7. Malgastar tu tiempo sin ponerte en acción

Has decidido que quieres conseguir grandes cosas en tu vida y en tu trabajo.

Incluso has diseñado un plan, y lo has dividido en tareas para conseguirlo.

Pero a la hora de la verdad, cada nuevo día se ve invadido por un ejército de pequeñas obligaciones, compromisos y distracciones que te dejan sin tiempo ni foco para lo más importante.

Para aquello que habías decidido hacer, pero nunca haces.

Y así, vas procrastinando y sacrificando tus sueños, día a día, año a año, en aras de las pequeñas urgencias de cada día.

Por eso, quiero acabar este artículo con una idea absurdamente simple, que te puede cambiar la vida.

Ponte en acción.

No esperes a tenerlo todo bajo control. Eso nunca va ocurrir. Y si sigues esperando nunca vas a empezar.

Comienza por donde puedas, o por donde sepas. Pero comienza.

Mucha gente piensa que primero hay que tener las cosas claras, y después actuar.

Pero la claridad no se alcanza valorando pros y contras en el sofá de tu salón.

La claridad se alcanza con la acción.

Ponte en acción hoy mismo, y ve aprendiendo a lo largo del camino.

¿Listo para pasar al siguiente nivel?

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