Las 6 Emociones Básicas, y Cómo Sentirlas sin que Te Dominen

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Emociones basicas - hombre llorando

Las emociones básicas son una de las grandes fuerzas de la naturaleza para los seres humanos. Nos remueven por dentro, nos inmovilizan o nos impulsan a la acción, como una mano o como una espada invisible en nuestra espalda.

«No quiero estar a merced de mis emociones. Quiero usarlas, quiero disfrutarlas, y quiero dominarlas» —Oscar Wilde, El Retrato de Dorian Gray

La ira, por ejemplo, puede convertirnos sin previo aviso en una fiera amenazante.

La alegría nos da unas alas para volar, por un momento, por encima de las realidades de la vida diaria.

Y la tristeza es una habitación oscura de la que queremos escapar, pero la propia oscuridad nos impide encontrar la salida.

En este artículo vamos a descubrir qué son las emociones básicas, como nos afectan, y qué podemos hacer para sentirlas sin vivir sometidos a ellas.

¿LISTO PARA PASAR DE NIVEL?

Qué es la emoción

Aunque nos parezca extraño, el concepto de emoción es relativamente reciente.

Durante muchos siglos no se hablaba de emociones sino de pasiones, un término derivado del latín patere  («sufrir»). Una pasión era algo que simplemente nos sucedía, sobre lo que no teníamos ningún control. 

El término moderno emoción procede también del latín emovere («agitar», «remover», «movilizar»), pero tiene la connotación de algo que nos impulsa a la acción

En su libro Discovering Psychology, Don y Sandra Hockenbury describen la emoción como «un estado psicológico complejo con tres componentes claramente diferenciados: una experiencia subjetiva, una respuesta fisiológica, y un comportamiento asociado».

Es decir, la emoción se compone de estos tres elementos:

  • Un acontecimiento, como un pensamiento o una situación externa, que nos afecta subjetivamente.
  • A continuación se produce una reacción fisiológica, es decir, sentimos una opresión en el pecho o en el estómago, nuestras manos se cierran, nos ruborizamos o parpadeamos más de lo normal.
  • Y por último, la emoción nos impulsa a un comportamiento externo, a hacer o a evitar algo. Así, la ira puede impulsarnos a insultar a alguien; la alegría puede hacernos levantar los brazos o abrazar a otra persona; el miedo nos paraliza o nos hace correr; y la tristeza puede hacernos llorar o replegarnos sobre nosotros mismos en el sofá. 

Cuáles son las emociones básicas

En los años 70 del pasado siglo XX, el psicólogo norteamericano Paul Ekman, estudiando las expresiones faciales de grupos de población de distintos lugares y razas del mundo, identificó seis emociones básicas que según él eran comunes a todas las culturas.

Aunque en la década de los 90 él mismo identificó otras emociones complejas, resultado de combinar las anteriores, su clasificación nos permite aún hoy entender mejor nuestro propio estado emocional y el de los demás. 

Estas seis emociones básicas son las siguientes: alegría, tristeza, asco, ira, sorpresa, y miedo. Comprenderlas bien es una parte fundamental de nuestro desarrollo personal.

Alegría

La alegría puede definirse como un estado emocional placentero caracterizado por sensaciones de contento, satisfacción, bienestar y energía. 

Suele manifestarse a través de señales externas como la sonrisa, una actitud corporal relajada y expansiva, y un tono de voz más alto y animado de lo habitual. 

La alegría es, sin duda, la emoción básica más deseada, y según numerosos estudios está directamente relacionada con nuestra salud.

Algunas de las cosas que nos producen alegría son subjetivas y personales, pero la mayoría las compartimos con otros seres humanos: la proximidad a la gente que queremos, una situación cordial, el humor, un triunfo o noticia afortunada… 

Lo que sabemos desde hace relativamente poco tiempo es que nuestra fisiología y nuestro estado emocional están íntimamente relacionados, por lo que nos es posible fabricar algunas emociones, entre ellas la alegría.

El ejercicio físico y el trato frecuente, por ejemplo, son recursos sencillos y al alcance de cualquiera, que activan nuestro sistema endocrino, generan endorfinas y nos hacen sentirnos mejor.

Tristeza

«No puedes protegerte de la tristeza sin protegerte de la felicidad»
—Jonathan Safran Foer

Podemos definir la tristeza como un abatimiento espiritual que, según la causa y la situación, puede estar teñido de sensaciones de pérdida, fracaso, duelo, soledad, desinterés o necesidad de aislarse de los demás.

A pesar de su mala prensa, la tristeza, como el resto de emociones básicas, no es buena o mala en sí, y todos la experimentamos de vez en cuando. Es una reacción emocional normal ante situaciones inevitables en la vida, como un desengaño o la pérdida de un ser querido. 

Solo cuando la tristeza se convierte en un estado permanente puede convertirse en depresión, excluyendo entonces otras emociones y perjudicando gravemente nuestra vida y nuestras relaciones. 

La actitud más sabia ante la tristeza es la de aceptar la emoción sin aferrarnos a ella. Es humano estar triste en ocasiones, y también lo es continuar con nuestra vida después.

Nada es permanente: acepta esos momentos como parte de tu condición humana, y recuerda que eso también pasará. 

Asco

El asco es una emoción básica, visceral: normalmente sentimos asco y la necesidad de alejarnos de objetos o criaturas que pueden ser nocivos o transmitir enfermedades, como la comida en mal estado, las cucarachas o las ratas. 

El asco se manifiesta por una expresión de disgusto en nuestra cara, por un movimiento de alejamiento o evitación, o por reacciones físicas como los escalofríos, la náusea o el vómito.

También pueden producirnos asco situaciones morales profundamente injustas, como la corrupción o ver que se hace daño a un ser indefenso. 

Ira

«En los corazones de la gente las uvas de la ira crecen y maduran, listas para la cosecha» —John Steinbeck

La ira es un estado emocional que se produce cuando experimentamos una situación de injusticia, amenaza o agresión, y se caracteriza por sentimientos intensos de agitación y hostilidad. 

La ira, por definición, nos impulsa a la acción automática, a decir o a hacer algo antes de pensarlo siquiera.

Es por tanto una emoción que puede ser útil ante una situación de agresión física inminente, por parte de un enemigo o de un depredador, por ejemplo.

Pero, en nuestra época, la ira es también es una de las emociones básicas más peligrosas, porque puede impulsarnos a actuar de un modo desproporcionado, del que más tarde nos arrepintamos. 

No es lo mismo que un enemigo intente matarnos con una lanza, que el que alguien nos insulte en medio del tráfico: sin embargo, nuestra amígdala, una vez activada en una determinada situación, a veces no es capaz de distinguir la diferencia. 

Uno de los grandes riesgos de la ira es que nos desequilibra profundamente: puede hacernos perder el control de lo que hacemos o decimos, y llevarnos a reaccionar de manera mucho agresiva de lo que la situación justificaba.

Por eso, recuerda que puedes enfadarte, porque eres humano. Pero hazlo siempre con elegancia: que tu enfado no te haga perder los papeles.

Foto pajaro - ira como emocion basica

Sorpresa

Otra emoción básica es la sorpresa, que podemos describir como la sensación de sobresalto o perplejidad que experimentamos justo después de un acontecimiento completamente inesperado.

Suele venir acompañada de reacciones físicas incontrolables como saltar hacia atrás, exclamar, abrir la boca o quedarse paralizado por un segundo. 

Por definición la sorpresa es breve, dura lo que tardamos en identificar la situación que la produjo. Entonces suele dar paso a alguna otra emoción como la ira o la alegría, según sea el acontecimiento que la provocó. 

Un fenómeno interesante descubierto recientemente es que la sorpresa está relacionada con la manera en que determinados acontecimientos o informaciones quedan grabados en nuestra memoria.

Cuando algo nos sorprende tendemos a recordarlo mejor. Es el fenómeno conocido como prominencia (salience en inglés), y es, por ejemplo, el motivo por el que los medios de comunicación se aseguran de proporcionarnos unas determinadas informaciones en lugar de otras. 

Miedo

«Todo lo que siempre deseaste está al otro lado del miedo» —George Addair

El miedo es una de las emociones básicas más poderosas, que desde nuestros orígenes nos ha ayudado a sobrevivir. Cuando sentimos un peligro inminente, el miedo detona la reacción automática de huida o ataque para enfrentarnos a lo que ocurre. 

En una fracción de segundo, una descarga de adrenalina hace que nuestra respiración se acelere para recibir más oxígeno, nuestros músculos se tensan, preparados para la acción, y nuestras pupilas se dilatan para recibir más luz. 

Cuando el peligro que desencadena el miedo es real e inminente, este es útil, porque nos ayuda a reaccionar. 

El problema se produce cuando sentimos miedo, no ante un peligro inmediato, sino ante algo que imaginamos que podría pasar.

Cuando acontecimientos que aún no han sucedido no solo nos llevan a prepararnos, sino que además nos hacen sentir miedo, este puede hacerse crónico y convertirse en ansiedad

«Mi vida ha estado llena de terribles desgracias que nunca llegaron a suceder» —Michel de Montaigne

Este último tipo de miedo, el miedo a lo que podría pasar, es la causa de la indecisión y la parálisis vital en la que viven muchas personas en nuestros días.

Y se ve potenciado por los medios de comunicación, que nos transmiten a diario una visión catastrofista del mundo que nos atemoriza y nos hace sentir inseguros.

Ese miedo es la causa por la que muchas personas sobreviven, en lugar de vivir, en trabajos y en relaciones que no les hacen felices, a cambio de una seguridad que tiene mucho de ficticio.

Emocion y conducta - foto hombre pensando

Emociones básicas: ¿qué puedes hacer?

  • No intentes evitar o «controlar» tus emociones: negar lo que sientes o criticarte por sentirlo solo empeora las cosas. Tienes derecho a estar triste, a tener miedo o a enfadarte. Tus emociones no te hacen mejor ni peor: solo te hacen humano.
  • Las emociones son estados pasajeros que nos empujan a la acción: pero no necesariamente a la acción más adecuada. En lugar de intentar evitarlas (lo que te hace daño, y además es prácticamente imposible), puedes entrenarte para manejar tu reacción ante ellas: tu conducta.
  • Una de las técnicas más poderosas para separar nuestras emociones de nuestra conducta es el mindfulness o meditación de atención plena. Entrenar a la mente para que se mantenga atenta y calmada, incluso en situaciones de tensión, no evita que sintamos la emoción en el momento: pero nos permite manejarla y decidir la mejor manera de actuar.
  • Activa tu cuerpo con ejercicio físico, sueño suficiente y una buena alimentación. Lo que mucha gente llama «estar triste» es en realidad un estado de baja energía por falta de actividad, de descanso o de los nutrientes adecuados. Tu estado emocional y tu fisiología están íntimamente relacionados. 
  • Cuida tu entorno y lo que recibes de él: alimenta tu mente y tu espíritu con compañía, información y lecturas de calidad, que te eleven por encima de tu situación actual y te ayuden a vivir mejor.
  • Piensa en el miedo como un compañero que te ayuda a ser cauto, no como un lastre que te impide asumir riesgos y vivir. Porque lo que llamamos «fracaso» no es más que una oportunidad de aprendizaje, un “aún no” que lo deja todo abierto para progresar.

¿Listo para pasar al siguiente nivel?

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