Aceptar la Realidad No Es Resignarse (y 5 Maneras de Hacerlo)

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Aceptar - hombre ante cascada

«Señor, dame serenidad para aceptar la realidad de las cosas que no puedo cambiar; el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar; y la sabiduría para conocer la diferencia» —San Francisco de Asís

¿Hay algo en tu pasado que lamentas profundamente? ¿Un fracaso, algo que hiciste o dijiste, una ofensa que te hicieron, la pérdida de un ser querido? 

¿Alguna persona en tu vida, tu madre, tu jefe, quizás tu pareja, te molesta porque querrías que actuara de otra manera?

Si fuéramos dioses, podríamos hacer que el tiempo retrocediera, y que los demás cambiaran su actitud y actuaran según nuestros deseos. 

Pero no somos dioses.

Somos personas. Nos afectan las leyes de la física, de la química y de las relaciones humanas. 

Y hay muy pocas cosas, fuera de nosotros mismos, que en realidad podamos controlar.

Esta es una verdad universal, y sin embargo, nos cuesta mucho aceptarla.

A menudo nos negamos a aceptar la realidad de que las cosas en el pasado fueron como fueron, o que los demás hacen lo que quieren. Nos agarramos con uñas y dientes a nuestra pena y a nuestras expectativas.

Les exigimos a la vida y a los demás que se comporten como nosotros deseamos.

Y como esto rara vez ocurre, sufrimos por cosas que no dependen de nosotros, y nos refugiamos en la queja, en la rabia y, a veces, en la desesperación.  

Aceptar la realidad

La tristeza, el duelo ante una pérdida, la indignación ante la injusticia, son emociones naturales y necesarias, y no es bueno reprimirlas.

Cuando son proporcionales a la situación que estamos viviendo, las emociones son adaptativas y nos ayudan a procesar la realidad y a sobrevivir.

El problema se produce cuando la emoción ya ha cumplido su función, pero nos quedamos anclados en ella.

Entonces permanecemos atrapados en la pena por lo que pasó o por lo que pudo ser; o en nuestra creencia de que los demás deben actuar de una manera diferente.

Si queremos sentirnos mejor y vivir a la altura de nuestro verdadero potencial, estas son cinco realidades que debemos aprender a aceptar cuanto antes:

  • Cualquier acontecimiento o pérdida que nos hirió en el pasado. Asumir nuestro pasado no supone olvidar a las personas que se fueron o transigir con la injusticia: significa solamente aceptar la realidad de que algo no se puede cambiar, para poder seguir adelante con nuestra vida.
  • Que las cosas no salgan como queremos. Todos tenemos deseos y expectativas, pero la vida es complicada, y no todo depende de nosotros. Lo verdaderamente sano es hacer todo lo que está en nuestra mano y trabajar duro por lo que queremos, sin obsesionarnos con el resultado.
  • Aceptar la realidad de nuestros propios errores. Las personas somos seres en construcción, y es inevitable que nos equivoquemos. Por eso, cuando cometemos un error, la única actitud verdaderamente sana es aceptar sus consecuencias, intentar repararlas en la medida de lo posible, sacar nuestras conclusiones, y seguir adelante. La culpa es un lastre enorme que nos impide ser efectivos y felices.
  • A nosotros mismos, con todas nuestras luces y nuestras sombras. Nuestro aspecto, nuestro carácter, nuestra biología. Acéptate como eres en realidad, y trabaja contigo mismo a partir de ahí.
  • Que los demás no actúen según nuestras expectativas. Aceptar la realidad de que las personas son seres libres y, a menudo, imprevisibles. Hacer depender nuestro bienestar de lo que hagan los demás, incluso las personas más cercanas a nosotros, es una garantía para vivir insatisfechos. 

¿LISTO PARA PASAR DE NIVEL?

Aceptar la realidad no es resignarse

A menudo la aceptación se confunde con la autocomplacencia o con la resignación. Y no tienen nada que ver.

Aceptar la realidad presente tal y como sucede no supone resignarse con lo que nos está ocurriendo.

Significa ver la realidad tal y como es, para afrontarla mejor. 

Significa decir: «Esto es lo que hay, aquí y en este momento». Me guste o no. 

Solo entonces podemos permitir que los acontecimientos se desplieguen a su manera, e influir en ellos a través de nuestra conducta. 

Por eso, hay que aceptar la realidad porque ese es el comienzo de la verdadera transformación. Y es, también, una parte fundamental de nuestro desarrollo personal.

Algunos piensan que la aceptación implica debilidad, y nada más falso: aceptar la realidad no es debilidad sino sabiduría, porque solo puedes cambiar aquello que conoces.

En un artículo anterior escribía sobre Victor Frankl y la proactividad. Aunque a primera vista pueden parecer conceptos opuestos, en realidad aceptación y proactividad son las dos caras de la misma moneda.

Frankl, durante su internamiento en los campos de concentración de Auschwitz y Dachau, aceptó que no podía influir sobre sus circunstancias externas (los guardias, los horrores que le rodeaban), pero decidió su propia actitud ante lo que estaba viviendo.

Para los budistas, y también en la práctica del mindfulness o atención plena, el sufrimiento es la suma del dolor y de la resistencia. Cuando sentimos dolor, pero en lugar de resistirnos lo aceptamos, nuestro sufrimiento disminuye, y aumenta nuestro poder para manejar la situación.

«El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional» —Buda

Soltar situaciones difíciles

En la época colonial, en algunos lugares de la India capturaban a los monos vivos poniendo una fruta dulce dentro de una calabaza o de un coco vacío, al que previamente habían hecho un agujero. El agujero era lo suficientemente grande para que el mono metiera la mano, pero no para sacarla cerrada sosteniendo la golosina.

Los monos caían en la trampa y eran incapaces de sacar la mano agarrando el dulce. Para escapar solo tenían que abrir la mano y soltarlo, pero se negaban a hacerlo, y se les capturaba con facilidad.

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A veces nos aferramos a situaciones complicadas, que nos hacen daño y tienen difícil solución, continuando en ellas porque no queremos soltar «lo que es nuestro», o porque pretendemos resolverlas a nuestra manera. Permanecemos allí, dándole vueltas a un conflicto que nunca parece resolverse.

En determinadas situaciones, la única solución verdadera es aprender a «soltarnos», para no quedar atrapados en una situación que nos hace daño y nos roba la energía para continuar nuestro camino y seguir creciendo.

A menudo, dejar perder una batalla, soltando lo que creíamos poder ganar, significa ganarnos a nosotros mismos, y abrir la puerta a cosas mucho mejores.

Aceptarse a uno mismo

En realidad, aceptar las cosas como son no es posible sin un paso previo: aceptarte a ti mismo.

Nuestra capacidad para influir en nuestras circunstancias depende en gran parte de nuestra manera de verlas. Y eso depende a su vez de cómo nos vemos a nosotros mismos.

Los hombres y mujeres occidentales vivimos proyectados hacia el futuro, como una flecha en un arco tenso. Siempre pensando en la meta, en el resultado. 

Porque nos juzgan, y nos juzgamos, según ese resultado. 

Nos comparamos constantemente: con los demás, con sus expectativas y las nuestras, y con aquella persona imaginaria que se supone debemos ser.

En consecuencia, permitimos que nuestro bienestar y nuestra imagen de nosotros mismos dependan de acontecimientos externos que no controlamos totalmente.

Ante esto, la práctica del mindfulness o atención plena es de gran ayuda, porque nos enseña a practicar la aceptación y la benevolencia hacia nosotros mismos y hacia los demás: es lo que los budistas denominan metta en sánscrito, y su raíz es el respeto hacia ti mismo.

Se trata, en el fondo, de aceptar la realidad y amarte incondicionalmente, lo que se contrapone al cultivo del ego y al amor basado en el mérito (quererme a mí mismo —o no— en función de mis resultados).

El objetivo es tratarnos con la misma amabilidad, cariño y compasión que mostraríamos hacia un buen amigo. Desgraciadamente, no solemos tratar a casi nadie tan mal como nos tratamos a nosotros mismos.

Aceptar - foto New York

¿Qué puedes hacer?

  • Recuerda siempre que aceptar la realidad no es resignarse: es verla tal y como es para afrontarla mejor. Aceptar las cosas como fueron y como son ahora no es debilidad, sino sabiduría: es el primer paso necesario para cambiarlas.
  • Inicia una práctica de meditación, mindfulness o atención plena: aprende a centrarte en tu presente a través de tu respiración, de los sonidos que te rodean o de las sensaciones de tu cuerpo (body scan). Esto te permitirá estar en contacto con las cosas como son en este preciso instante, sin echar de menos el pasado, y sin temer al futuro. Hay mucho poder en ser el dueño de tu momento presente. 
  • Ponte metas ambiciosas, pero en el día a día no te centres en ellas, sino en el trabajo que haces para conseguirlas. Haz lo que tengas que hacer, sin obsesionarte con el resultado. 
  • Aceptar es un verbo: es un proceso activo, que debes practicar conscientemente. No es tan sencillo aceptar la realidad de nuestro dolor físico o emocional, nuestro aspecto, nuestra relación con nuestra pareja, o lo que ocurrió en el pasado. Necesitarás tiempo y trabajo: pero cada vez que practiques la aceptación de un aspecto concreto de tu vida, estarás creando nuevas conexiones neuronales en tu cerebro, y te irás sintiendo mejor. 
  • En los momentos difíciles practica la autocompasión (que no tiene nada que ver con el conformismo o la autocomplacencia). Es la compasión aplicada a nosotros mismos cuando sufrimos debido a nuestros errores, a nuestras carencias o a cualquier experiencia difícil, tratándonos con amabilidad y comprensión.

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